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4 “enemigos” para adaptarte a nuevas circunstancias

4 “enemigos” a los que debes ganarles para aprender, cambiar y adaptarte a nuevas circunstancias

En marzo del 2020 llega una pandemia y nos obliga a aprender un montón de cosas. Algunas técnicas como uso de las plataformas para video conferencia. Otras (la mayoría) adaptativas como: cómo “sobrevivir” a un confinamiento, cómo cuidar nuestra salud mental, cómo realizar teletrabajo eficiente, cómo tener una rutina sanitaria acorde, etc, etc y etc.

Porque algo que sí nos ha mostrado este año, es la necesidad y la capacidad que tenemos para cambiar, flexibilizarnos y aprender.

La mayoría de nosotros no tenemos ningún problema cuando nos dicen “adquirirás un nuevo aprendizaje”. O, al menos, no tenemos ningún problema “en teoría”, pero “otra cosa es con guitarra”.

Aprender o cambiar es un proceso. No pasamos de un punto A a un punto B “sin escalas”. Al contrario, solemos tener “muchas escalas” en ese “viaje”.

Nos encontramos con la necesidad de ser consistentes, con la vulnerabilidad de estar haciendo algo que no lo manejamos bien o con la frustración de equivocarnos.

Pero, incluso antes de partir el viaje del aprendizaje, ya tenemos que hacerle frente a algunos de nuestros paradigmas y aquí te traigo lo que Fredy Kofman llamó “Enemigos del aprendizaje”, algunos, los más comunes.

¿Quieres aprender nuevas habilidades o formas de hacer las cosas? Identifica tus enemigos y crea un plan para “ganarles”!

1.     La ceguera sobre nuestra propia incompetencia (no saber)”.

A veces, por las circunstancias en que estamos o por no “salir de nuestra zona de confort” y no darnos otras oportunidades, ni siquiera nos damos cuenta que no sabemos.

Estamos ciegos de lo que no sabemos. Ni nos enteramos!, por lo cual nuestra conclusión es “está todo bien”. Y ya podemos intuir el riesgo de vivir en la creencia de que está todo bien, si no lo estuviera.

Por ejemplo, un trabajador que no entiende por qué no lo ascendieron, si se supone que “todo estaba bien”. Un jefe que recibe una mala evaluación, si se supone que “todo estaba bien”. Una huelga en una organización inesperada, porque se supone que “todo estaba bien”.

En todos esos casos, lo que nos ha pasado es que hemos estado “ciegos” a nuestras posibles brechas.

¿Cómo llenas el vaso?

Hay varias formas. Te sugerimos algunas:

  • Conversa con personas distintas a ti. Ve otras realidades, que te hagan ver la tuya desde otro prisma.
  • Pide y recibe feedback constante, de ti, de tu negocio, de tu equipo, de tu servicio, etc.
  • Pide ayuda a expertos para que observen tu realidad y circunstancias.
  • Estudia de otras disciplinas y rubros, ¿cómo verían tu misma situación desde sus conocimientos?

2.     “El miedo a reconocer que no sabemos”.

O en otras palabras “el miedo a que no seamos perfectos”. Este enemigo nos lleva a no reconocer que algo no lo manejamos tan bien como quisiéramos. Nos hace tener miedo al fracaso, boicoteando nuestro proceso de aprendizaje.

En simple, es tener miedo a decir “no sé”.

A veces podemos reconocerlo cuando escuchamos cosas como “yo ya estudié todo lo que necesitaba, qué más”, “nos ha ido bien así, por qué cambiar”, “no movamos nada”, “los que necesitan aprender eso es mi equipo (no yo)”

En otras ocasiones, este enemigo se ve fortalecido por preocupaciones por “el qué dirán”. Hay veces que creemos que por nuestro rol y posición debemos saberlo todo… o, al menos, no demostrar que no sabemos algo.

Sólo cuando seas capaz de decir “no sé” es que aparece la posibilidad de aprender.

¿Cómo llenas el vaso?

  • Reconoce que te habita este enemigo, que no saber es algo que te cuesta reconocer, por las razones que sean.
  • Hazte consciente de que el aprendizaje es un proceso que no termina nunca realmente, que es parte del ser profesional y persona, por lo que siempre habrá algo que no sepas.

3.     “No dar tiempo/prioridad para el aprendizaje”

Es fácil reconocerlo cuando nos encontramos con “es que no tengo tiempo”, “es que no podemos parar la operación por esto”, “ok, pero algo cortito, que tengo muchas reuniones hoy”… y también en actitudes, que no son frases, como el estar pendiente del celular mientras intento aprender… “es que debo estar pendiente”, “es que mi equipo me llama”…

Con este enemigo postergamos el aprendizaje, nos limita el planificar correctamente nuestras actividades, viviendo en lo urgente… y aprender requiere tiempo… no queda otra.

Nos encantaría que fuera diferente, pero el proceso de aprendizaje requiere energía, trabajo, práctica y dedicación.  No podemos volvernos runner si sólo salimos a correr una semana, ¿cierto?.

¿Cómo llenas el vaso?

  • Como con todos los enemigos, primero, reconóce que este este es uno de los tuyos, para estar conscientes cuando aparezca. Preparado!
  • También, asegúrate que las acciones de aprendizaje que estás implementando responden a un propósito, a algo importante para tí, que “valga la pena” el esfuerzo.
  • Cuida los espacios de aprendizaje y diseña planes para poder “estar”. Por ejemplo, rechaza otras reuniones, inclúyelo como una actividad de tu agenda y no como algo “extra, que si cabe se hace y si no, no”.
  • Si es tu equipo el que está aprendiendo, comunica lo relevante de estar en dicha actividad, genera planes de contingencia frente a dificultades o contingencias que surjan mientras aprenden. Participa de alguna manera. Para ti debe ser importante.

4.      “Confundir aprendizaje con información”

En la misma línea anterior, muchas veces confundimos aprendizaje con información, creyendo que tener información es lo mismo que tener aprendizaje o que entregando información clara, el otro ya sabrá qué y cómo hacerlo.

Muchos programas de capacitación fracasan por esta razón, por sólo ofrecer información a las personas. Que sí es importante, pero no suficiente para el aprendizaje. Por eso, todo lo que hacemos, incluso nuestros cursos online tienen foco en poner en práctica.

El aprendizaje requiere que generemos nuevos hábitos y para eso la información no es suficiente.

¿Cómo llenas el vaso?

 

¿Reconociste tus enemigos del aprendizaje?

Ahora te invito a generar un plan de trabajo para esos enemigo, una acción concreta, que puedas repetir hasta crear tu nuevo hábito. Algo viable, que no te permita generarte excusarte o, mejor aun, que te permita trabajarlo en el día a día.

No perdamos la oportunidad de expandir nuestras potencialidades.

 



¿Cómo adaptarse al cambio, utilizando la inteligencia emocional?

Te has visto en una reunión, donde tu jefatura dice algo similar a: “Tendremos una nueva estrategia…”

Y te ves a ti mismo o a otros compañeros pensando “OK, ya se pusieron creativos, qué se les ocurrió ahora?” O, incluso se te ha salido un “pero si eso ya lo intentamos y no resultó”

Los cambios, sin una buena conducción, generan cansancio, miedo, ansiedad y frustración.

Debido a que el cambio puede ser agotador física y emocionalmente, a menudo se genera una resistencia a éste.

Aquí, la adaptabilidad, una competencia crítica de inteligencia emocional, es clave para romper este ciclo.

Lo bueno, es que es una habilidad que podemos aprender. 

De hecho, en nuestro trabajo como coaches, suele ser un tema recurrente. Están cansados ​​de sentirse frustrados y enojados por los cambios en el trabajo y quieren ser vistos como adaptables en lugar de resistentes.

La próxima vez que te veas frente a la posibilidad de un cambio en tu organización, revisa estas tres estrategias para que puedas adaptarte al cambio y, no sólo, soportarlo!

  1. Pregúntate honestamente ¿Por qué me estoy resistiendo?

Comprender las razones de nuestra resistencia requiere un alto nivel de autoconciencia. Y muchas veces, necesitaremos ayuda para hacernos estas preguntas y llegar a esas causas.

Lo bueno de encontrar esas causas es que nos permite pensar estrategias.

Por ejemplo, si nos resistimos porque tenemos temor que con ese cambio no podamos ser igualmente competentes como antes, podemos generar un plan de aprendizaje.

O, si estamos anticipando que perderemos autonomía en ese cambio, podemos ver alternativas para participar en el proceso desde sus inicios.

  1. Reconoce y cuestiona el juicio o creencia que está a la base de tu reacción de resistencia.

Nuestras reacciones emocionales a menudo responden, también, a creencias que tenemos.

Por ejemplo, “ok, tengo temor… creencia a la base: con este cambio perderé cosas que me importan”. O, “ok, reconozco mi rabia… creencia a la base: considero que estos cambios son injustos para mi”

Entonces, pregúntate: ¿Cuál es mi emoción principal asociada con este cambio?, y luego: ¿cuál es el pensamiento/creencia/juicio que tengo al respecto?”.

Con esto, podremos ir a buscar datos o hechos que cuestionen nuestra creencia.

  1. Asumamos nuestro “aporte” al problema.

Esta parte no siempre es fácil de confesar, pero es un paso importante para ser inteligentes, emocionalmente hablando.

Por ejemplo, puede que cuando escuchas de este cambio te pongas tenso y te surgen generalmente frases “negativas”, que ponen de manifiesto los obstáculos y las dificultades (pero nada más que eso). Y, con humildad, puedes ver que cuando te pones en esa postura cuesta encontrar soluciones, cuesta conversar respecto de mejoras y el clima emocional también se tensa, haciendo el cambio más difícil para todos.

La capacidad de adaptarse es una ventaja competitiva para un líder. ¿Cómo te ha ido con los cambios que no te gustan?

Basado en el artículo: Cómo aceptar el cambio utilizando la inteligencia emocional. HBR. Wiens y Rowell. Diciembre 2018

 



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